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Érase una vez…España: Génesis de una nación moderna

La conjura orquestada por apenas unos cuantos millares de soldados en el año 1820 encauzó la vida política del país hacia la democracia.


Con la finalización de las Guerras Napoleónicas a principios del siglo XIX, el continente europeo se sumió en un período de inestabilidad política bajo el cual muchas naciones hicieron amago de retornar a las viejas formas políticas feudales y absolutistas.


Tal fue el caso español, que había conseguido librarse del yugo francés recientemente con la inestimable colaboración británica.


De forma paralela al período de ocupación, los rebeldes españoles –de tendencia liberal en muchos casos– lograron establecer un sistema constitucional que sentaba las bases para el desarrollo de un estado democrático moderno.


No obstante, con el regreso de Fernando VII del exilio y su posterior ascenso al trono de España, el naciente régimen tendría sus días contados. A esto se le sumó la atroz represión ejercida por el nuevo gobierno hacia los patriotas que habían defendido el país contra las fuerzas ocupantes.


El enraizamiento de la corrupción en la escena política sumado a una serie de fuertes crisis económicas y a un panorama internacional cada vez más desalentador crearon las condiciones para que se produjeran levantamientos contestatarios contra la autoridad del monarca.


Entraría en la arena de juego la figura del joven asturiano Rafael de Riego, militar de familia acomodada e inclinaciones progresistas que había pasado parte de su servicio en las cárceles de Napoleón por participar en la lucha contra los invasores franceses.


Su persona encarnaría el ala más aperturista de un ejército conformado por grandes cuadros liberales, cumpliendo estos un papel clave en el golpe contra el autoritarismo imperante.

Así, en 1820 en el municipio sevillano de Cabezas de San Juan, el coronel Riego perpetró junto a sus hombres el pronunciamiento con el que obligarían al rey acatar la Constitución de Cádiz.


El golpe comenzó a extenderse progresivamente, detentando apoyos en lugares como Galicia, Asturias o el resto de Andalucía.


Días más tarde, Fernando VII tuvo que ceder a las presiones ejercidas por la mayoría social: se inauguraba así el Trienio Liberal, una etapa de modernidad en la historia de España.


Tras el triunfo logrado, el recién conformado gobierno estipula un plan mediante el cual llevar a cabo grandes reformas económicas y políticas con las que estimular la productividad y acabar con el sistema estamental, elevando a todos los ciudadanos a la categoría de iguales ante la ley.


Así mismo, se consolida un nuevo sistema administrativo basado en diputaciones provinciales junto a un ambicioso proyecto educativo con el que llevar la enseñanza primaria a todos los rincones del territorio.


Este período de grandes cambios dotó a España de un gran prestigio de cara al exterior como consecuencia de sus grandes avances y futuros planes de desarrollo.
No obstante, la restitución del absolutismo en 1823 a causa del respaldo militar ofrecido por Francia a Fernando VII truncó los progresos obtenidos, sometiendo a la población y provocando la emigración masiva de la floreciente intelectualidad patria.


A pesar de su brevedad, el Trienio Liberal marcó indudablemente un antes y un después, siendo un pilar fundamental para la construcción ya no sólo de la futura democracia española en particular, sino de la historia de nuestro país en general.