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Hugo Pratt y Corto Maltés: una misma identidad

Recordamos la obra más importante del dibujante y guionista italiano en el 93 aniversario de su nacimiento, celebrado ayer.

Corría 1967 cuando el excéntrico millonario italiano Florenzo Ivaldi brindó a un veterano artista, oriundo de Rímini, la posibilidad de participar en una publicación donde plasmar bajo absoluta libertad toda la experiencia adquirida con el paso del tiempo:


El artista, de por aquel entonces 40 años era el ilustrador y literato Hugo Pratt que, a través de la revista Sgt. Kirk –nombrada así en honor a la historieta que él mismo publicó junto al argentino Héctor Oesterheld una década antes– difundiría La balada del mar salado, la primera aventura de su legendario personaje Corto Maltés.


Si bien es cierto que para entonces Pratt ya había editado algunas de sus más importantes obras como Ernie Pike (1957) o Diarios de Guerra (1959) –tomando en ambos casos el crudo trasfondo bélico como eje vertebrador del relato–, no fue hasta la llegada de este navegante hispano-británico que el autor alcanzó unas cotas de prestigio aún vigentes hoy día.


Para Corto Maltés, su creador tomó como referencia algunos capítulos de su propia vida y demás experiencias personales. Teorizaría una genuina fórmula en la que no sólo se interconectaban historias familiares con viajes apasionantes y personajes entrañables, sino que además rompía con el arquetipo del héroe de habilidades prodigiosas –muy en boga por aquel entonces gracias al cómic americano– para ceder el paso a uno con el que el lector pudiera sentirse identificado.


Nacía así el más carismático marinero del mundo de las viñetas, hijo de una gitana sevillana y un mercader francés que, desde bien joven, había surcado la mar para para conocer el vasto mundo que le rodeaba y ser protagonista de un sinfín de exóticas e interesantes hazañas.


Sus peripecias le llevaron en muchos casos a recorrer lugares tan dispares como Siberia, Honduras, Afganistán, Suiza o Etiopía –ubicaciones por las que en muchos casos el propio Pratt guardaba cierto apego personal–.
 

El triunfo de Corto Maltés sería tal que durante los 25 años que fueron publicadas sus historias, además de vender alrededor de 29 millones de ejemplares en todo el mundo se convertiría en una de las grandes referencias del cómic europeo.


Su éxito también transgredió la tradicional barrera que había venido considerando a los tebeos como obras de carácter infantil y de arte menor para adjudicarse la etiqueta de literatura gráfica de primer orden. A través del inmenso aporte que supuso la vida y desventuras de este lobo de mar, Hugo Pratt cambió el cómic para siempre.