La sociedad debe unirse para abordar con eficacia la erradicación de la violencia contra las mujeres

La sociedad en conjunto condena la violencia de género pero, en la práctica, ¿cómo podemos participar activamente en su desaparición? Tanto quienes conocen casos cercanos como quienes no se han tenido que enfrentar al dilema de intervenir en una situación concreta, pueden contribuir al cambio. No todos podemos participar directamente en la  aprobación de leyes, ni aumentar las cifras de policías, ni financiar albergues o recursos para mujeres maltratadas. Pero todos tenemos tenemos voz, todos podemos buscar los recursos y ponerlos a disposición de quien los necesita, todos debemos conocer el lenguaje de la violencia y la desigualdad para contrarrestarlo desde sus primeras señales. La concienciación activa como sociedad es la mejor arma para luchar contra una lacra que, según la ONU Mujeres, han sufrido a 243 millones de mujeres y niñas a manos de sus parejas o exparejas en todo el mundo solo en el último año.

Pese a su nombre, la violencia de género no abarca solo a las mujeres que la sufren por parte de parejas, exparejas o personas con las que hayan estado ligadas de forma afectiva, sino también a menores de edad familiares o cercanos a esas mujeres. Este tipo de violencia, incluido en la violencia de género directa, es la violencia vicaria, en la que el maltratador utiliza a los menores para infligir el mayor daño posible a la mujer. Especialmente en estos casos, calificamos al maltratador de “monstruo” o “loco”. Lo que no siempre entendemos es que, con frecuencia, los hombres que ejercen violencia contra la mujer no tienen un trastorno clínico. Pueden ser sociables y encantadores con los demás o ser miembros respetados de la sociedad que limitan su control hacia quien consideran de su propiedad.

 

La tolerancia cero es cosa de todos

La violencia de género, ya sea física, psicológica, sexual, social, ambiental o económica es la manifestación de la situación de desigualdad y las desequilibradas relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, que se ven sometidas a ella por el mero hecho de ser mujeres. Este concepto, sin embargo, cuenta con una distinción en la legislación española, ya que la Ley de Prevención Integral de la Violencia de Género de 2004 solo abarca la violencia ejercida hacia las mujeres por sus parejas o exparejas, dejando fuera de su ámbito de actuación y protección todos los casos de violencia de género, incluida la sexual, que no hayan sido cometidos por personas ligadas afectivamente  a la víctima. 

Si bien prácticamente todo el mundo coincide en condenarla, la sociedad normaliza y trivializa a diario el menosprecio hacia las mujeres con palabras, acciones y tolerancia implícita. Desde un chiste en una película hasta el cuestionamiento de la moralidad de una víctima de violación, todo contribuye a la denigración de la mujer. Así, una vez que las puertas de la casa se cierran, las dinámicas de pareja pueden replicar esas actitudes sin que constituya nada fuera de lo normal.

Ser conscientes de cualquier tipo de intimidación y actuar de forma responsable es posible en cualquier momento. Señalar comportamientos inadecuados, invitar a reflexionar a nuestros compañeros sobre determinadas actitudes, exigir responsabilidades cuando se ponen de manifiesto signos de violencia y apoyar a las supervivientes son gestos que todos podemos y debemos hacer para contribuir a un  entorno más seguro y concienciar a la sociedad.

Educar con el ejemplo

Las Naciones Unidas afirman que el ejemplo que damos a la generación más joven “determina la manera en que esta piensa sobre el género, el respeto y los derechos humanos”. Por ello recomienda iniciar conversaciones sobre los roles de género a una edad temprana y cuestionar con ellos “los estereotipos a los que los niños y niñas se enfrentan constantemente”. No podemos controlar los estímulos que reciben en cada momento en el colegio, en los medios, en la familia, los libros, etc., pero podemos explicarles la importancia de la diversidad y fomentar la aceptación para que puedan construir una sociedad más libre.

También es importante  aclarar el consentimiento, la autonomía física y la responsabilidad desde la infancia, así como “escuchar lo que tienen que contar sobre su experiencia en el mundo”. Sin embargo, tan importante como explicar los conceptos, es ser coherente entre las palabras y los hechos y verificar que el comportamiento que los niños observan a diario en su casa sea igualitario. Los pequeños absorben más los gestos, comentarios, actitudes, y decisiones cotidianas que una clase o una explicación.

La importancia de la coeducación, tanto en la casa como integrada en el currículo escolar, se pone de manifiesto cuando vemos que las tasas de violencia de género entre adolescentes alcanza el 40%. El psicólogo ceutí Alfonso Cruzado, resalta que la gran mayoría de las jóvenes “no se da cuenta del maltrato psicológico”, que después puede llegar a ser físico. “El chantaje emocional, el control de las redes, la culpabilización o las faltas de respeto” son elementos habituales del maltrato que los y las adolescentes no identifican como violencia.

Escuchar hoy puede salvarla mañana

Pese a que la sociedad está evolucionando, casi todos podemos nombrar casos cercanos de control, menosprecio, manipulación, acoso y violencia física hacia una mujer. ¿Qué hacer ante esta situación?

La guía Punto Violeta contra la violencia machista establece varios supuestos, fundamentalmente separados en casos en los que somos testigos casuales de un incidente y casos en los que tenemos algún tipo de relación con la víctima, ya sea una vecina, amiga, familiar o colega.

La primera valoración que recomienda hacer siempre es ver si la víctima corre peligro inminente y ,en caso de ser así, llamar a Emergencias (112), a la Policía Nacional (091) o a la Guardia Civil (062).También es posible utilizar la aplicación Alertcops, que permite enviar una señal de alerta a la policía con nuestra geolocalización. Una vez que han acudido, la colaboración y las pruebas de los testigos serán muy valiosos para el atestado.

Si la vida de la víctima no corre peligro, las recomendaciones se dirigen a reunir pruebas, provocar una distracción para parar la situación, solicitar ayuda de más personas y valorar la necesidad de llamar a Emergencias. Una vez que la mujer se encuentra sola, se debe acompañar a la víctima, buscar un lugar donde se sienta segura, preguntarle qué necesita y respetar sus ritmos y decisiones sin interrogarla.

En los casos en los que conocemos a la víctima y no corre peligro inminente, es importante hablar con ella, cuando el agresor no está, para que sepa que puede contar con nosotros en todo momento y que no está sola. Alfonso Cruzado señala la importancia de “permitir que nos cuente lo que pasa y darle confianza y apoyo. Debemos hacerle entender que no la vamos a juzgar y que la vamos a creer”. 

Una vez creado un espacio seguro, podemos darle información los recursos de los que dispone, como asesoramiento jurídico gratuito, asistencia social para ella y sus hijos , planes de inserción laboral, asistencia sanitaria y pscicológica, etc.  Además de acudir a la policía y/o Guardia Civil, existen otras vías para salir de una situación de violencia, como las organizaciones de mujeres y feministas, ONG y Centros de Información a la Mujer que la pueden atender y acompañar de manera confidencial y segura.

 “Cuando una mujer comparte su historia de violencia, está dando el primer paso para romper el ciclo de maltrato”, afirma la web de las Naciones Unidas Mujeres. Este, sin embargo, es un proceso complejo en el que las dinámicas del maltrato pueden hacer que la denuncia y la decisión de abandonar la relación no ocurran o se dilaten en el tiempo. Pese a la frustración que puede ocasionar, es importante seguir acompañando, ofreciendo apoyo y permitir que la mujer pueda hablar con nosotros sintiéndose segura, evitando preguntas incómodas o valoraciones.

Los recursos también dependen de ti

Puesto que todas las mujeres son población de riesgo, la Ley de Prevención de la Violencia de Género establece obligaciones de detección tanto en el ámbito sanitario, como social, educativo y policial, así como intervención especializada por parte de juzgados, fiscalías y colegios de abogados.  Por ello es importante la especialización de los profesionales encargados de realizar una búsqueda activa de indicadores de violencia física, psicológica o sexual. Deben saber valorar el estado de la mujer y los menores, si los hay, con un estudio de antecedentes, la coordinación con otros profesionales y la aplicación de entrevistas semiestructuradas.

La situación de vulnerabilidad y confusión de la víctima no se debe suponer que los informes de cada uno de los distintos profesionales que deben intervenir sean menos exhaustivos. Juan Ignacio Paz Rodríguez, asesor del Instituto Andaluz de la Mujer, recordó en las V Jornadas de Abogados y Abogadas de Violencia de Género que “cuando la mujer que sufre violencia de género solicita asistencia por primera vez, no tiene que significar que quiera la separación o el alejamiento del maltratador; ni siquiera es indicador de estar preparada para recibir la atención o asistencia que ella misma solicita. La colaboración con las y los profesionales va a ser en muchos casos, mínima, inconstante y esquiva”.

Sin embargo, cada participación debe estar detalladamente documentada, incluyendo el relato de la mujer, valoraciones, recomendaciones profesionales y el plan de intervención. Todo ello debe facilitársele para que pueda usarla ante otros profesionales o instituciones. El manual de intervención “En buenas manos” de la abogada Amparo Díaz recuerda que “de la concreción y detalle con el que se indague la situación y con el que se recoja el relato de la mujer por los profesionales, de la rapidez con la que se documente y aporte a la mujer para su uso en los sucesivos servicios o en los tribunales va a depender mayoritariamente que la mujer y sus hijos obtengan la protección adecuada a su caso o no”.

Muchas de las mujeres que denuncian, pese a que no llegan al 30% de las agredidas por sus parejas o exparejas, se enfrentan a estereotipos, desinformación, obligación de conseguir pruebas en 72 horas, descoordinación entre los profesionales, denuncias cruzadas y largos tiempos de espera para obtener sentencias y acceder a ayudas.

La creación de protocolos e itinerarios detallados para todos los profesionales, como la Guía Juno del Instituto Canario de Igualdad para el personal de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, es un paso más para la mejora del tratamiento y la recuperación de las víctimas. Sin embargo, todo ello debe ir acompañado de los recursos materiales y humanos necesarios para llevarlo a cabo.

La sociedad debe unirse para reclamar a los gobiernos la financiación necesaria para abordar con eficacia la violencia contra las mujeres, que garanticen los servicios esenciales, que apliquen medidas de prevención y que inviertan en la recopilación de los datos necesarios para adaptar y mejorar los servicios.

No es un problema privado, es una lacra social

Además de las reivindicaciones políticas, las campañas de sensibilización buscan implicar a todos en la solución de un problema social. Las estadísticas judiciales dicen solo el 2% de las denuncias proviene del entorno de la víctima, pese a que en los casos de la violencia de género ejercida por parejas o exparejas, la denuncia puede ser presentada por cualquier persona que tenga conocimiento del hecho.

Los datos estadísticos de 2020 cifran en 32,4% el porcentaje mujeres que han sufrido violencia  a manos de alguna pareja actual o pasada. La cifra aumenta al 57% si hablamos de violencia machista en general. Entre enero y junio de 2021 se han presentado  75.722 denuncias por violencia de género, a pesar de que el 77% de las mujeres no denuncia porque considera que su caso no es suficientemente grave, por miedo al agresor, a ser juzgada por su entorno, a la vergüenza, a no tener recursos para sacar adelante a su familia o a las repercusiones laborales, entre otras razones.

Ante cifras así, como ciudadanía debemos cuestionar nuestro posicionamiento y actitud frente a la violencia de género y asumir que la responsabilidad de enfrentarla no es solo de quién la sufre directamente. Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género, considera que acusamos una falta de conciencia social "contundente" y "rotunda" contra la violencia machista

Su solución debe implicar y promover el compromiso de toda la población, incluidos jóvenes, empresas, instituciones y políticos. Está en nuestras manos aceptar todas las identidades de género y sexualidades, señalar las actitudes que perpetúan la desigualdad en nuestro entorno y alzar la voz para reclamar responsabilidad a las instituciones.

 

RECURSOS

016 -Teléfono gratuito de información y asesoramiento jurídico disponible las 24 horas y los 365 días al año. No deja rastro en la factura. También disponible como WhatsApp  en el 600 000 016.

ATENPRO (Atención y Protección a las Víctimas de Violencia de Género) 900 22 22 92 - Dispositivo de telefonía móvil que permite entrar en contacto en cualquier momento con un centro preparado para dar respuesta a una emergencia por violencia de género. 

Organismos, recursos y servicios que, de acuerdo a lo previsto en el artículo 23 de la ley orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, acreditan las situaciones de violencia de género en Ceuta: Centro Asesor de la Mujer y Consejería de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de la Ciudad Autónoma de Ceuta.

Web https://wrap.igualdad.gob.es/recursos-vdg/search/Search.action - Página de recursos de apoyo y prevención ante casos de violencia de género que permite la localización de los recursos policiales, judiciales y de información, atención y asesoramiento más próximos.

APP “Libres” – Aplicación de información  útil para saber cómo actuar ante una situación de maltrato.