Un vínculo seguro, imprescindible para trabajar la inteligencia emocional.
Un vínculo seguro, imprescindible para trabajar la inteligencia emocional.

Confianza, asertividad y otros valores que debemos potenciar para criar hijos e hijas emocionalmente inteligentes

Confianza, asertividad y otros valores que debemos potenciar para criar hijos e hijas emocionalmente inteligentes

Las habilidades emocionales cada vez se potencian más y se tienen más presente en la educación de los niños y niñas, trabajándolas más allá de los conocimientos cognitivos. Vínculo, confianza o asertividad son algunos de los aspectos que debemos tener en cuenta para que nuestros hijos e hijas desarrollen su inteligencia emocional.  

La inteligencia emocional, según la publicación científica para padres Nemours Children’s Health, es “la capacidad de comprender, utilizar y controlar nuestras emociones, permitiéndonos predecir el éxito en situaciones sociales y emocionales y ayudándonos a construir relaciones sólidas, tomar buenas decisiones, y hacer frente a situaciones difíciles”.

A la hora de educar a los niños y niñas cada vez se da un mayor valor a estos aspectos; más allá de una educación cognitiva y un desarrollo del aprendizaje intelectual, cada vez tiene más peso educar en valores, en igualdad y en inteligencia emocional. Aspectos que se están profundizando tanto desde las familias como desde las escuelas, que tienen a incluir en sus planes educativos asignaturas, proyectos o actividades enfocados a estos aprendizajes. Ejemplos son actividades como arteterapia o yoga-emoción, que cada vez con más asiduidad se oferta también entre las extraescolares, junto a las clásicas yudo o baile.  

El neuropsicólogo, conferenciante, escritor y padre Álvaro Bilbao centra una gran parte de sus estudios y trabajo en enseñar a los padres, madres y educadores a educar desde la disciplina positiva precisamente con el objetivo de potenciar estas habilidades emocionales desde la infancia. “El cerebro emocional tiene un protagonismo indiscutible en el niño, que se mueve por la ilusión, la rabia, el deseo, el miedo, y, por eso, comprender sus emociones, aprender a dialogar con ellas y saber cómo se puede apoyar el desarrollo emocional es una gran ventaja para aquellos padres que sepan cómo hacerlo”, explica Bilbao en su libro El cerebro del niño explicado a los padres.

“La importancia del cerebro emocional va mucho más allá de su papel en los seis primeros años de vida y en la relación, durante este periodo, entre padres e hijos. Gracias a un sinfín de investigaciones recientes sabemos que el cerebro emocional desempeña un papel crucial en la vida de las personas adultas”, explica el experto.

Es por ello que lo primero que el neuropsicólogo recomienda para desarrollar la inteligencia emocional es potenciar el vínculo entre el niño o niña y sus cuidadores principales, empezando por el bebé y la madre y continuando por quienes tejan esa red de primeros afectos. Crear un vínculo seguro es esencial para un buen desarrollo del menor.

Este vínculo influirá de manera directa en la confianza. “El niño que crece con confianza llega a ser un adulto que se siente bien consigo mismo y con los demás, que está seguro de las decisiones que toma, que puede reír a carcajada limpia y que siente la fuerza interior que otorga saber que puede alcanzar cualquier meta que se proponga en la vida.

Todo ello le permitirá crecer sin miedos, sentando así las bases de la inteligencia emocional. Bilbao también incide en enseñar la asertividad, una “característica común de las personas con una buena inteligencia emocional”. “El término «asertividad» hace referencia a la capacidad de la persona de decir lo que piensa de una manera respetuosa. La persona asertiva es capaz de expresar lo que no quiere o no le gusta, pero también lo que quiere o sí le gusta, de una manera tan clara como respetuosa”. Valores muy importantes que convertirán a nuestros hijos e hijas en los adultos que este mundo necesita. 

Confianza, asertividad y otros valores que debemos potenciar para criar hijos e hijas emocionalmente inteligentes
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