Goethe: un auténtico hombre

Recientemente se ha cumplido el aniversario de la muerte de este gran intelectual y romántico alemán.


Goethe es para Alemania lo que, como análogo, pudiera representar Miguel de Cervantes en el caso español: su mayor exponente literario a nivel internacional.


El autor germano fue calificado por Napoleón de «auténtico hombre» –en el sentido más renacentista del término– durante el famoso encuentro que ambas figuras mantuvieron en 1808 en la ciudad de Erfurt.


Las palabras del por entonces emperador acertaron de lleno, pues Goethe había dedicado toda su vida a la investigación y a la formación interdisciplinar, abarcando campos tan dispares como derecho y geología.


Su cabeza llegó a encerrar los más amplios saberes en una época donde comenzaba a imponerse como fórmula habitual la delimitación del conocimiento por áreas concretas.


No obstante, ello nunca importó al espíritu libre de este importante escritor, quien por voluntad de su progenitor, un importante consejero imperial, se instruyó desde bien infante en latín, griego, francés y hebreo.


Tras la fatídica muerte de su madre –de quien además heredaría una actitud bon vivant que lo acompañaría siempre–, el joven Goethe inició a los 16 años sus estudios de derecho en Leipzig.


No obstante, en aquel tiempo se encontraba mucho más inmerso en la escritura de sus primeras obras que en su formación jurisprudencial. Fruto de ello son El capricho del enamorado (1767) y Los cómplices (1768).


Posteriormente, la inclinación por la vida política le conducirá a desempeñarse como ministro en la ciudad de Weimar al tiempo que dirige un grupo de teatro y prosigue con su actividad autoral.


Para 1774, Goethe publica la que será considerada una de sus obras más importantes: Las desventuras del joven Werther, que tomará como referencia algunos acontecimientos fundamentales de su vida amorosa y personal en general.


En 1797 se convierte en el primer administrador de la biblioteca de la duquesa Ana Amalia, situada en el Palacio Verde de Weimar y que a día de hoy cuenta con el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad otorgado por la UNESCO.
Esta contiene además el mayor número de ediciones de Fausto, la otra obra cumbre de Goethe que fue escrita por nuestro autor entre 1808 y 1832.
Entre viajes por todo el mundo y audiencias con los más ilustres filósofos e intelectuales de su época –desde Schelling hasta Hegel– transcurriría su apasionante vida hasta que finalmente, fallece en Weimar a la edad de 82 años.
De este modo, el legado de Goethe no sólo comprende su testamento literario, sino también su propio ejemplo como apasionado humanista e interesado en conocer cómo funcionaba el mundo que le rodea.