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Kirk Douglas: el punto y final del cine clásico

Pintor atormentado, rudo cowboy e irredento boxeador han sido algunas de las muchas máscaras que el actor llevado en la gran pantalla.

Kirk Douglas, uno de los rostros más representativos de la edad de oro de la industria cinematográfica nos dejó el pasado 5 de febrero a la longeva edad de 103 años. La familia anunció a través de medios oficiales que el fallecimiento se debe a causas naturales y que el actor habría expirado en su residencia de Los Ángeles.

Atrás deja un enorme legado interpretativo, con papeles en los que el intérprete de mandíbula prominente y hoyuelo en la barbilla destacó por saber encontrar el contrapunto a todos y cada uno de sus papeles:
hacer fuertes a los débiles y débiles a los fuertes. Esa es la fórmula de la que Douglas se valía para desempeñarse en su quehacer según explicó el cineasta Steven Spielberg, quien tuvo el privilegio de hacerle entrega a la prolífica estrella de su Óscar honorífico.

Entre sus logros más memorables se encuentran el haberse puesto en la piel de personajes como Espartaco en el film homónimo de 1960 o vestir el uniforme militar del Coronel Dax en Senderos de Gloria (1957), ambas cintas dirigidas por el gran Stanley Kubrick.

Sin embargo, detrás de todo este reconocimiento y glamour se encuentran unos orígenes humildes así como una férrea voluntad de auto-superación.


Estas últimas fueron las claves que guiaron a Issur Danielovitch –nombre real de Kirk Douglas– por la ruta del éxito a lo largo de toda su carrera.


No es necesario rebuscar demasiado en la biografía de este hijo de inmigrantes rusos para percatarse de que su compromiso con la profesión fue absoluto.


Después de haber ejercido más de 40 trabajos en su juventud –los cuales iban desde repartidor de periódicos hasta lavaplatos– y labrarse un camino de excelencia académica en sus estudios, ganó una beca que le permitiría cursar la carrera de filosofía y letras en la Universidad de St. Lawrence.


Fue en su estancia allí que descubrió su verdadera vocación y, gracias a continuar con el paradigma de trabajo duro y sacrificio, en 1941 dio el salto a Broadway en Spring Again.


Durante su ascenso meteórico trabajó con los grandes del Séptimo Arte. Desde Billy Wilder hasta Vincent Minelli, todos coincidían en el afán de perfección que demostraba Douglas en el set de rodaje.


Si bien estuvo nominado a 3 estatuillas por la Academia, no fue hasta 1996 que recibiría el ansiado galardón como reconocimiento a toda su trayectoria. Aun así, resultaba evidente que Hollywood le adoraba: Su inesperada aparición en los Globos de Oro hace 2 años y la estrella en el Paseo de la Fama a su nombre así lo atestiguan.


Una electrizante personalidad y carisma, sumada a su inmensa modestia y al trabajo realizado en el celuloide han catapultado a Douglas a ostentar un estatus de mito.


Por este motivo decenas de celebridades y compañeros de profesión se han sumado para dar su último adiós a quien fue el referente de muchos jóvenes actores y actrices durante décadas.