REBELIÓN BOHEMIA

La deshumanización de nuestros egos

DANI QOLUMNAS

Hoy en día, morimos de ansiedad por sentirnos amados bajo el cristal de las pantallas de nuestros ordenadores y de nuestros teléfonos, mientras que conocidos (y no tan conocidos) deslizan su dedo índice o pulgar sobre una simulación bidimensional de nuestra piel y nos acarician, de un modo tan extraño y tan irreal que ni siquiera somos consciente de ello. Todo a través de diversas inteligencias artificiales que, sin avisar, están atentando contra la propia inteligencia de los seres deshumanizados en los que nos hemos convertido; inmersos y ahogados en el mundo tecnológico que ha invadido nuestras vidas con total frialdad e impunidad.

Sentimos una necesidad férrica de recibir aprobaciones distópicas e hipersexualizadas y prostituimos nuestra belleza y nuestra esencia como mera mercancía capitalista al servicio de los mecanismos de control que ejercen los opresores sobre nuestros pensamientos, sentimientos e ideas.

Nos abandonamos en nuestra deshumanización al mero hecho de sentirnos, en esta falacia, falsamente queridos e ilegítimamente admirados como meros objetos inanimados y carentes de sensibilidad. Nos dejamos llevar por las masas aborregadas en la pulcritud de nuestra inconsciencia puritana y contradictoria.

Y como pequeñas cenizas de incienso mecidas a su suerte por el latido de nuestros corazones y el rítmico sentir de nuestras almas, agrandamos, vilmente, la pesada armadura oxidada que oculta en el más oscuro, polvoriento y olvidado rincón a nuestro verdadero yo. A un yo esclavo de las propias limitaciones a las que nos hemos sometido y esclavo de las propinas de likes, dislikes, followers y haters con las que lo alimentamos y a las que nos hacen creer que estamos suscritos.

Nos hemos olvidado de ser lo que realmente somos. Nos hemos olvidado de ser seres humanos y hemos idiotizado a nuestros egos, condenando a nuestro nobis al más macabro y gelatinoso egoísmo hipócrita que, aun siendo inconscientes e ignorantes de ello, nos sigue recordando, más de veinte siglos después que “homo homini lupus”, que “el hombre es un lobo para el hombre”.

Y aquí, y ahora, es cuando debemos rebelarnos; aquí y ahora es cuando debemos abrir los ojos y curarnos de esta ceguera autoimpuesta; aquí y ahora es cuando debemos valernos de nuestras verdaderas armas; del arte y de la cultura. Rebelarnos contra esta opresión en la que todos estamos presos y nos sentimos maniatados.

Aquí es donde recae el poder de los artistas. Aquí es donde debemos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a recuperar nuestra verdadera naturaleza.

Ahora es el momento de que nuestros versos, nuestros cuadros, nuestras canciones y, en definitiva, cualquiera que sea nuestra manifestación artística, se conviertan en el sonido de alarma que nos saque a todos de esta desalmada somnolencia.

Aquí y ahora despertaremos, por fin, del letargo y haremos estallar nuestras metáforas en la faz del opresor cuando sus fauces se abalancen sobre nosotros. Las haremos estallar en su rostro despiadado y lo haremos caer de su trono de muerte y miseria.

Armaremos nuestros versos contra el terror y caminaremos juntos, unidos, alzando la vista al cielo, hacia la victoria. Los armaremos contra las sombras e iluminaremos el camino de los que habrán de sucedernos.

Nos haremos dueños de la voz y la palabra y cargaremos de poemas el futuro.

No permitiremos que sus yugos nos atrapen porque ya nunca más nos van a hallar dormidos. Desataremos nuestras manos y nuestros pies y devolveremos cada golpe y cada disparo con un soneto, con un romance o con una prosa poética que pueda hacer llorar hasta al más gélido de los ojos.

Lucharemos junto a la métrica y la rima, condenadas al desequilibrio, y nunca más vamos a temer por el perecer de nuestros sueños, porque estarán más vivos de lo que nunca estuvieron. Lucharemos junto a ellas, codo a codo, y se unirán a nosotros en espadas de valentía para no ser derrotadas.

Despertemos, hermanos y hermanas; despertemos y creamos en la plena libertad que nos rodea, que está junto a nosotros y que nos negamos a creer, permitiéndoles que traten de robárnosla.

Despertemos y hagámoslo.

Convirtámonos en una verdadera Rebelión Bohemia.

Despertemos; y no la creéis ni la escribáis…

Despertemos… y seámosla…

Seamos la poesía.