¿Por qué obtener una titulación de náutica de recreo?

AGUIAR

El mundo de la náutica en general es un mundo tan atractivo como desconocido. Tal vez insufla esa inyección de adrenalina aventurera que parece diluirse con el paso del tiempo en un marco de civilización donde el confort se da por sentado dentro de un complejo entramado donde todo funciona con la precisión de un reloj suizo, y donde la seguridad esta, afortunadamente, entre las prioridades de esa maquinaria. El mundo de la náutica es, quizá de forma más concreta y visible, un exponente especialmente esclarecedor en este paradigma.

         Es por ello que, en este contexto, la sincronía en la dualidad emoción – seguridad debe encontrar un equilibrio casi milimétrico. La náutica oferta esa sensación, su sincronía se ha ido puliendo minuciosamente durante siglos. Sobre todo con la toma de conciencia tras el suceso del Titanic. Si ben esta evolución inicial puso mayor énfasis en la náutica mercantil en general, sus medidas han decantado por lógica en cualquier expresión náutica, lo que incluye la náutica de recreo.

 

            ¿Por qué, entonces adquirir una titulación náutica de recreo? Es una pregunta frecuente, si bien también es cierto que es cada vez menos frecuente.

Nadie duda, por ejemplo, de la conveniencia que tiene la formación en un permiso básico de conducción, e incluso el debate en la calle se inclina más a la inclusión de formación en pequeñas titulaciones como la que permiten el uso de pequeños ciclomotores. Sin embargo en la náutica, tal vez por esa nebulosa de “exclusividad” que poco a poco va quedando atrás, este debate parecía inexistente.

 

            Si bien los vehículos antes mencionados tienen unas condiciones que facilitan su uso, la náutica tiene una serie de variables que condicionan la navegación hasta hacer del canal utilizado un canal diferente en cada ocasión. Un barco navega entre dos fluidos que interaccionan y tienen, entre sí, más de mil veces de diferencia de densidad. Esto es a la vez su atractivo y su dificultad, pues ofrece sensaciones que nada más puede ofrecer, pero hay que saber interaccionar con esta variable de forma segura, y la seguridad se refiere tanto a la capacidad psicológica de respuesta, como al conocimiento previo que hayamos recibido en la instrucción. Gran parte del atractivo de lanzarse al mar es la belleza de saber domar algo que sabemos indomable.

 

            Respecto a esto, la técnica ha sido depurada hasta el extremo con innumerables estudios de todo tipo, lo cual nos convierte en grandes afortunados de vivir en la época en la que vivimos, habiéndose desarrollado un conglomerado de avances de diseño, de códigos de comunicación, y de señalizaciones náuticas que eran impensables hace apenas unas décadas, y que además han sabido interaccionar de forma sinérgica con los métodos tradicionales que siguen en uso desde hace miles y miles de años.

 

            También somos grandes afortunados por nuestra localización geográfica. Vivir en el estrecho de Gibraltar nos proporciona no solo la amplia historia que posee sin mencionar a Ulises o a la Atlántida, sino que es uno de los estrechos más transitados del mundo en todo tipo de náutica, lo que puede parecer perjudicial, pero es todo lo contrario, ya que posee una señalización y unos servicios de salvamento que pocos lugares pueden presumir. No obstante hay que saber interaccionar con ellos y entenderlos, y eso solo se consigue con la formación adecuada.

 

            En los muchos años de experiencia que tenemos en la formación náutica, en la cual entramos más por placer que otra cosa, nos hemos percatado de la enorme diferencia que existe entre salir a navegar con una buena formación o sin ella, siendo que la seguridad en uno mismo y la capacidad de respuesta que de ésta se deriva, son las que verdaderamente marcan la diferencia entre la simple percepción de un día de recreo en familia bajo el sol africano, y de una estancia que podría ser una copia exacta y que se percibe como una jornada inquietante y sometida al miedo de lo que pueda pasar y de que no se sepa responder a la posible adversidad.

 

            Por lo tanto, les abrimos la puerta y les invitamos a conocer de verdad, bajo las medidas de conocimiento y formación necesarias, el verdadero camino a disfrutar la náutica de recreo teniendo el máximo control de la embarcación que manejemos, y no dejar al azar a que sea la embarcación la que nos maneje a nosotros. Nosotros no aprobamos exámenes. Formamos patrones.

 

Juan Manuel Aguiar Moreno

Instructor de la Escuela Náutica de Recreo Ceuta Global Yachting y formador del Centro de Formación Marítima Profesional.