Nosferatu: curiosidades sobre primer chupasangre del cine

Nosferatu: curiosidades sobre primer chupasangre del cine

Nosferatu: curiosidades sobre primer chupasangre del cine

El estreno de esta legendaria cinta de terror en el año 1922 inauguró el subgénero de vampiros en la gran pantalla.


Cuando los especialistas del séptimo arte se arrojan la tarea de recomendar cintas clásicas que hayan marcado de gran sobremanera el panorama fílmico, puede existir una lista más o menos amplia de títulos que afloren en la cabeza de cada cual por muy distintas razones.


No obstante, de entre el grueso de este catálogo mental, uno de los metrajes más citados por suponer un antes y después en el modo en que se percibía el audiovisual fue Nosferatu: Una Sinfonía del Horror (1922), del director alemán Friedrich Wilhem Murnau (Westfalia, 1888-1931).


En tanto que película realizada durante el período de entreguerras, Nosferatu se desempeña como un excelente ejemplo de los valores técnicos que el movimiento conocido como expresionismo alemán encarnó, a caballo entre el surrealismo y el onirismo ambiental.


El metraje fue publicitado en su día como «una reinterpretación de  la novela Drácula de Bram Stoker»  al no haber podido adquirir el equipo los derechos para adaptar de manera fiel el relato del afamado autor irlandés.


Por este motivo y mediante la colaboración del guionista Henrik Galeen, se llevó a cabo un proceso de reescritura de la obra original, realizando cambios sustanciales en aspectos como ubicaciones y personajes para de esta forma no incurrir en infracciones legales.


La historia pasó así de tener su desarrollo en Londres a situarnos en la ciudad alemana de Wisborg y, en lugar de estar protagonizada por Jonathan Harker, Mina Murray y el conde Drácula, estos serían reemplazados por el matrimonio de Hutter y Ellen y el sombrío conde Orlok respectivamente.


Tras su estreno, Florence Stoker, la viuda del afamado autor conoció los hechos e inició un pleito que finalmente ganó y por el cual la cinta fue desterrada durante mucho tiempo al olvido colectivo.

A este hecho también ayudó la enorme leyenda negra que pesaba sobre el film:
Se cuenta que el título ostenta un profundo fondo esotérico del que es responsable Albin Grau, diseñador de producción de Nosferatu y posterior fundador de la logia mística Hermanos de Saturno.


Así mismo, el halo de misterio existente en torno a la figura de Max Schreck, intérprete del Conde Orlok y de quien apenas se tiene información personal ni filmográfica incitó la elaboración de insólitas teorías,  llegando a considerar la posibilidad de que el actor que daba vida al vampiro en la pantalla también lo fuese en la realidad.


Verdad o no, lo cierto es que tuvieron que pasar 90 años hasta que la Fundación F.W. Murnau se decidiera a llevar a cabo una restauración completa de la obra. Gracias a la labor de la institución, hoy podemos revivir la espeluznante experiencia que hace casi un siglo atemorizó a los públicos internacionales.

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