Ángel y María, poniéndole salsa a la vida

Ángel y María, poniéndole salsa a la vida
Ángel Martínez y María Román son pareja de baile y de vida pero la pasión por el ritmo que unió sus vidas no ha hecho más que crecer hasta convertirlos también en pareja de profesores de salsa, bachata y kizomba. Sus clases llenas de pasión, buen rollo y música traen a alumnos de todas las edades que no solo pasan un buen rato a todo ritmo, sino que aprenden a bailar como profesionales.  

¿Cómo empezó vuestra relación con el baile?
María: Yo empecé porque mis padres llevaban tres o cuatro meses bailando y cuando vine en vacaciones a Ceuta lo primero que hizo mi padre fue retirar los muebles del salón para enseñarme a bailar un poquito, porque justo esa noche había baile social. Me enseñó un poco y llegué esa noche al baile y allí estaba Ángel. Bailé con todo el mundo lo poco que pude y con él también, porque mi madre lo conocía y me empujó a bailar juntos. Yo después me apunté a clases en Granada, donde estaba estudiando, y empecé a bailar.


Ángel: En realidad nos conocemos desde el colegio aunque no nos acordamos. Yo empecé a bailar hace siete años, enfocado solamente en disfrutar. Vi fotos de mi amiga Julia, que era la profesora en ese momento, y ella me dijo que fuera y probara. Fue una de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida. Con el tiempo nosotros dos empezamos a salir y hace algo más de un año vimos una oportunidad de mercado y decidimos lanzarnos a dar clase. Nos formamos y lo que empezó como una oportunidad de mercado se ha convertido en una pasión pura y dura.

 

No solo en pasión, también habéis comentado el poder terapéutico del baile.
Ángel: Sí, a nosotros nos ayuda mucho incluso como terapia de pareja. Es maravilloso. Estamos mosqueados y como tenemos que estar bien para la clase, se nos quita el cabreo.


María: La clase hay que darla sí o sí y al final te metes en el estado de ánimo del baile y se te quita todo. Vuelves a casa y ni te acuerdas de por qué estábamos enfadados. Se pasa todo.


Ángel: Yo se lo recomiendo a todo el mundo. Lo que más escucho es “es que soy arrítmico”. Mentira. Hay gente a la que le cuesta más y hay gente a la que le cuesta menos, pero todo el mundo acaba bailando. A veces se bailará fuera de ritmo, pero bailar va a bailar todo el mundo. El miedo y la vergüenza no entran en mi vocabulario.


María: El objetivo de este tipo de clases es el baile social. No vas a estar en un escenario ni te van a poner puntuaciones ni nada. Lo disfrutas y ya está. 


Ángel lleva siete años bailando y María cuatro. ¿Es diferente la perspectiva ahora que ejercéis de profesores?
Ángel: Yo lo siento igual. Lo único claro, que tienes que estar enseñando. Las sensaciones bailando son las mismas. Incluso enseñar me está gustando más que ir a bailar el fin de semana, porque veo la progresión de “los niños”, que les llamo niños aunque me saquen algunos 30 años. La verdad es que cuando los ves evolucionar es una verdadera pasada. Cosas como por ejemplo la musicalidad, yo no sabía lo que era hasta que no he empezado a formarme como profesor. Yo escuchaba “un, dos, tres, cinco, seis, siete” en salsa pero, si la formación es importante en todos los sentidos, aquí más todavía. Después de seis años bailando me he dado cuenta de la música y ahora lo veo en niños de cuatro meses y veo que es una pasada.” Le está saliendo de maravilla” y eso es un gustazo.


María: Yo también lo siento igual, pero es verdad que lo veo con otros ojos y me gusta incluso más, porque veo desde dentro cosas que antes no veía. El tema de la formación te abre un mundo de posibilidades. Tenemos ejemplos concretos que en cuatro meses están bailando que es una maravilla y piensas “eso lo he hecho yo”. Es muy guay.

Los alumnos se apuntan para aprender a bailar y divertirse, pero encuentran mucho más. 
Ángel: El otro día estaba sentado en una terraza con un alumno y me gustó mucho cuando me dijo que nos habíamos convertido en pilares fundamentales de su vida. Dijo que éramos el psicólogo que necesitaba y eso me sentó muy bien. Aparte es uno de los alumnos que mejores progresiones tiene. Además, necesitar algo no quiere decir que estés mal o hundido, simplemente es un cambio,  y eso ya es terapia. 


María: Otro alumno me dijo una cosa muy sencilla pero que tiene mucho valor. Dijo que había encontrado una nueva afición que no sabía que iba a encontrar, que tenía muchas aficiones y jamás se hubiera imaginado que el baile se iba a convertir en una de las principales. 


Ángel: Tengo un amigo que es adicto a la montaña y al deporte extremo. Ha dejado parte de deporte y de escalada solo por venir a las clases. 

 

¿Qué creéis que tiene el baile para que lo atraiga más que otras aficiones?

María: ¡Habría que preguntarle a él! Yo creo que el componente social, no ya solo de baile en sí, sino de nuestras clases, es un puntito que le ha hecho decidirse por nuestras clases en vez de por la escalada. Tenemos un rollo muy chulo, la verdad.


Ángel: Una alumna me comentó un día que lo que más le gusta es la pasión con la que yo hago las cosas. María pone la cabeza y yo pongo la pasión. Eso incita muchas veces a que los alumnos se queden enganchados a esa misma pasión que yo intento transmitir en todo momento. Aguantan los recios, porque la verdad es que soy muy pesado. 


María: Yo lo freno un poquito. Nosotros nos dedicamos como afición pero tenemos nuestros trabajos principales. Yo soy logopeda y él tiene una compañía de seguros y cuando empezamos las clases ya es después de nuestra jornada laboral. Estamos cansados y aún así nos gusta tanto y nos sentimos tan bien dando las clases que lo damos todo y no se nota que estamos cansados. Tiramos millas y la gente los agradece mucho porque estamos a tope ya al final del día y eso da una energía muy chula a la clase. 

 

¿Notáis alguna diferencia de actitud respecto a las edades de los alumnos?

Ángel: Por la edad no. Depende de la persona. Su tío, por ejemplo, es un adicto al baile. Luego tenemos gente muy joven que lo que quiere es echar el ratito. Normalmente la persona joven que quiere pasar el rato no aguanta mucho en la clase porque no tenemos unas clases comerciales. Si yo hiciese las clases comerciales con ella, haríamos una figurita como hacemos en un taller y a casa. Lo que nosotros enseñamos es a bailar. A trabajar un básico. Yo soy demasiado pesado. Soy de repetir, repetir y repetir. Por eso, quien tiene ganas de bailar acaba bailando muy bien. Ella entiende que vienen a divertirse  y que hay que pasar la mano. Yo no. Yo soy un dictador en ese  sentido.

María: Es que hay que buscar el equilibrio, porque no todo el mundo tiene el mismo objetivo. Hay gente que tiene más ganas de mejorar y de bailar muy bien y hay gente que quiere saber un poquito para cuando llegue el social defenderse y pasar la noche bailando. 


Todo ese conjunto de personas terminan en a misma clase, dependiendo de niveles y hay que buscar un equilibrio. Si la clase dura una hora, la primera media hora lo dejo a él que les muerda si hace falta y la segunda hacemos un pasito por ejemplo, que lo aprendan y esa noche lo hagan.


Un poco de todo. Tampoco me gustaría dar toda la clase de figuritas para tenerlos contentos porque entonces no están aprendiendo a bailar de verdad.  


¿Dónde os pueden encontrar los interesados en la salsa, la bachata o kizomba?

Desde hace un par de meses estamos en el casino. Antes estábamos en la sala Velvet, donde nos ayudaron para empezar y se lo agradecemos muchísimo porque nos abrieron las puertas de su casa en enero de 2021, cuando justo hubo un brote de virus y aún así, no se echaron para atrás.  Ahora después de las vacaciones ya retomamos las clases en el casino.


También empezamos a trabajar en la Península. Iremos a un congreso de baile en Mojácar, donde van muchísimos artistas a hacer su show y a dar talleres. Nosotros vamos el 6,7 y 8 de mayo y nos han avisado para próximas fechas también.


Va viento en popa y esto nos hace mucho ilusión estar con grandes profesionales y seguir formándonos.

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